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Aupaedurne se va a paseo

Mi paseo por la India

Hala que nos vamos!

Hola a todos los que aún leeís este blog. Ésta es la última entrada. Pero no porque no tenga más cosas que contar, sino porque he decidido redireccionarlo a otro sitio: http://aupaedurne.blogspot.com/ en el que de momento me he dedicado a corregir las entradas anteriores e insertar un montón de fotos y algún audio y donde seguiré contandoos mis peripecias e impresiones de la esquinita del subcontinente que he visitado.

Nos vemos en blogspot.

 

Aupa!

Jaisalmer

Jaisalmer

Hay ciudades que sólo pronunciar su nombre nos trasladan a un paraíso de ensueño. Nombres evocadores: Samarcanda, Katmandú o Jaisalmer. Probad a pronunciar esta palabra con los ojos cerrados antes de seguir leyendo, despacito y respirando hondo: JAI-SAL-MER.

Jaisalmer es una ciudad pequeñita, apenas 50.000 habitantes, del oeste de la India, la más al oeste de la India. Cuando llegas con el tren a Jaisalmer tienes que bajar las ventanillas porque se llena todo de arena. Y es que Jaisalmer es la puerta de entrada al desierto del Thar, el de la entrada anterior. Y sales de la estación, te montas en tu rickshaw y descubres una ciudad dorada sobre una colina a cuyas faldas se extiende otra más moderna, pero tan dorada como la anterior y salpicada de palacios que rompen los ojos con tanta belleza.

Nos costó entrar en contacto con esta ciudad. Contratar el paseo en camello y la propia excursión nos impidió caer en brazos de esta joya. Habíamos dado algún pequeño paseo pero poco más. Pero la primera noche ya pude darme cuenta de que aquella ciudad me estaba hechizando. Mientras los demás se quedaron en internet, yo me fui a dar un paseo nocturno sola, en busca de algún gorro para el desierto. la ciudad estaba en silencio, nada que ver con el bullicio que habíamos abandonado el día anterior en Jaipur y mucho menos con el caos de Delhi. Tan apenas rompía ese silencio alguna moto al pasar por la puerta de la cuidad. Y es que Jaisalmer tiene una puerta y muralla y recodos y cuestas y adoquines en las calles. Ni siquiera los conductores de rickshaws saltaron al ataque ofreciéndome sus servicios. Era una noche de luna llena clara, clara, en una ciudad de ensueño y en silencio.

Cuando volvimos de nuestro safari pudimos conocer esa belleza. Y la cámara, una vez repuesta del desierto, no paraba de hacer fotos. Y miraras hacia donde miraras todo era digno de retratar, de recordar, de robar ese instante al tiempo y llevártelo a casa. Lo mismo daba un templo jainista que las casas havelies que las que iban jalonando sus calles o la propia muralla. El color dorado de la piedra, el modo de construcción, el respeto en las construcciones nuevas, a pesar del morterazo de cemento, las estrechas calles sin coches, sólo con motos, y la gente. También descubrí que entre las piedras doradas vivía y trabajaba gente. Y las personas con las que hablé me parecieron encantadoras, con la excepción del tipo del hotel que nos engañó con el safari, pero lo remediamos cambiando de hotel y no pagando la cifra desorbitada que pedía por un safari similar a los demás (aunque decía que el suyo era el mejor y por eso costaba el doble).

Tal vez es que yo anduviera entusiasmada, no lo niego, pero si no vas con entusiasmo ¿de qué sirve un viaje? pero salí encantada de aquella ciudad y la dejé con pena. Cuando llegamos a Pushkar, nuestro siguiente destino, ya nada me parecía tan bonito. Era tanto lo que habíamos dejado atrás.

Y luego todo lo que queda por restaurar...

Jaisalmer es la primera ciudad india en la que me quedaría.

Los niños de la India

Los niños de la India

18/08/08


En la India hay mucha gente. Y hay muchos niños. Fundamentalmente, niños. Voy conociendo varios tipos de niños, en ciudades y pueblos, y son distintos.

En las ciudades, hay dos tipos de niños: Los niños pobres y los niños. Los niños pobres no son completamente niños. Son niños duros como el suelo en el que les ha tocado dormir desde bebés, En Jaipur ví una escena que me estremeció. En un porche de uno de los bazares yacía tendido en el suelo, en mitad de la acera, sobre una leve manta, un cuerpecito inerte, de color grisáceo y mate. Cualquiera podía pisarlo. Al principio pensé que se trataba de un muñeco, una de tantas cosas que están a la venta. Hasta que se movió. Movió ligeramente su bracito y pierna izquierda buscando un acomodo imposible. Se trataba de un bebé de unos seis meses, aunque podrían ser más porque la desnutrición les retrasa el crecimiento, completamente desnudo, tirado ahí, con un trapo viejo como único colchón.

Los niños pobres han perdido la inocencia y la alegría de la mirada y las han sabido transformar en un toque lánguido para dar pena al turista y un brillo pícaro de aquel que está de vuelta de todo con tan sólo seis años (o menos).

Los niños de la India te miran desde unos grandes y expresivos ojos negros. Y se acercan a ti con curiosidad y timidez a saludarte y a que les des la mano. Y si se la das, se ponen muy contentos. Y si encima te haces una foto con ellos, el brillo de sus ojos se acrecienta hasta casi destellar. Son alegres y amables. Si alguna vez te confundes -a mí me pasó y me sentí muy mal- y les rechazas pensando que te están pidiendo rupias, no ponen gesto mohino ni insisten.

Luego están los niños gitanos, de un pueblecito que he conocido está mañana a la vuelta de las dunas. Eran guapos, de mirada grande y clara, pero con ese brillito pícaro de buscavidas, con la tez morena del desierto y sus vestidos cada uno de un color. Nos han visto llegar y han salido a nuestro encuentro a ver qué conseguían. Y. como todos los niños se han movido por dos cosas, el juego y los caramelos. Y ha sido muy divertido hacerme fotos con ellos y a ellos y tirarles los caramelos que llevaba al aire, como hacía José María desde su balcón en Alfajarín.

Los niños son siempre niños. Aunque a veces no les dejen.

Happy birthday to meeeee!!!!

Happy birthday to meeeee!!!!

Objetivo cumplido: mis 40 cumplidos en la India. Y no me puedo quejar de cómo van las cosas. Este primer contacto mío con este país está resultando menos traumático de lo que creía. Que es fascinante, no lo dudo, pero no por lo que te venden en las guís, libros y publicaciones, sino por cómo vive y sobre todo, sobrevive la gente aquí. Son muchos, muchos los aspectos en los que entrar a detalle. Cada rincón, cada mirada, cada olor (huele a India ¿te acuerdas?) da para una entrada. Haré lo que pueda.

De momento, ayer comencé visitando el templo sikh en Delhi: Shri Guru Tegh Bahadar Sahib.era impresionante. Sine mebargo lo q más me impresionó fue el caracter de los sikhs. Tal vez porque en 1984 era yo muy jovencita, el caso es hasta ahora había tenido una imagen de los sikhs como gente muy sanguinaria. Sin embargo comprobé ayer y lo he confirmado hoy en el templo dorado de Amritsar que los siks son una gente amabilísima, hospitalaria y generosa, que se desviven por ayudarte o explicarte cualquier cosa. Ayer un hombre nos enseñó todo aquel templo, incluidas las cocina, a la vez que nos explicaba la historia del sikhismo )de la que no entendí nada porque no consigo cogerle el tranquillo al inglés que hablan estos indios y estaba de fondo el runrun de los santones recitando el libro. Hoy, en el templo dorado, una mujer me ha agarrado del brazo y me ha querido enseñar el ritual de cómo entrar en el templo, la inclinación y besar el suelo -un precioso trabajo de "pietra dura" con una caliza fosilífera muy interesante-. Me han intentado explicar porqué los jóvenes llevan un pañuelo blanco recogiendo un moñete y otros el turbante, mientras me indicaban cómo sentarme. Otra vez su raro inglés, mis pobres entendederas y el ruido ambiental de las canciones provenientes del santa sanctorum han impedido que me enterara de nada. Lo que síme he enterado es que ha sido muy bonito venir.

Pero venir ha sido otra aventura. Hemos venido en tren desde Delhi. Es otro mundo: desde bebés con la carita pintada con perilla y mofletes rojos pidiendo uno de los plátanos que llevábamos de desayuno, pasando por una chica joven tan guapa como pesada que más que pedir exigía 10 rupias dando palmadas. Y ahora acaba de aparecer otro personaje intentando vender cuadrenos de colorines para los niños. El pasillo es un incesante ir y venir de seres humanos más o menos reconocibles como tales que no paran de ofrecerte cosas o, direnctamente, pedir. el viaje es largo y necesitamos agua y comida. Ahora mismo, por ejemplo, me acabo de comer un sandwich de salmonella...

Comienza el viaje

Comienza el viaje

10/08/08: Living in Helsinki

Resulta un poco exagerado el título del párrafo, pero es lo primero que se me ha ocurrido para las cuatro horas largas de plantón en este aeropuerto. Me lo he recorrido casi de punta a punta buscando mi puerta de embarque y, de paso, hacer tiempo hasta que saliera reflejado mi vuelo en los paneles. Ahora lo tengo enfrente mío: 20:00 AY029 MUMBAI gate 33. Un escalofrío ha recorrido mi cuerpo. Ahora sí que me creo que me voy. Ya no cojo un bus a Madrid o un vuelo europeo. Mi próximo destino es MUMBAI.

Y, mientras espero, voy paseando por este aeropuerto planteado como un zoco, nórdico, pero zoco, con sus tenderetes trascendiendo las puestas de los locales, saliéndote al paso del calor de unas ofertas tan inverosímiles como ese mencionado calor. Menudo pasmo que voy a terminar pillando paseando a orillas del báltico con ropa veraniega con destino: INDIA.

11/08/08 Bombay: el monumento al desasosiego.

Ya he llegado a Bonbay y según la explicaciones de ignazio (gracias, maño) he cogido el autobús que me lleva del aeropuerto internacional al doméstico (que es sinónimo de cutre). En el camino me encuentro en un jardincillo bien cuidado, muy bien colocado, el fuselaje de un avión panza arriba, partido en dos y quemado, a mode de monumento ¿al desasosiego? Mientras, elautobús rueda por una pista y veo cómo, al fondo, cruzándose con ella, despega un avión...

11/08/08 Nueva Delhi: Están locos estos indios.

Lo normal es,que si tienes prevista una hora de llegada, elavión se te retrase y llegues dos horas tarde. Pero llegar tres horas antes porque un empleado del aeropuerto de Bombay, sí, el del desasosiego, se ha apiadado de mí y me ha cambiado mi billete de las 13 horas a Delhi por uno a las 9, que luego ha sido 9:30, no es normal. pero es lo que me ha pasado a mí. No está mal esta entrada en la India. Y he llegado la primera al hotel. Eso sí, llegar ha sido toda una aventura: Me ha tocado el taxista más suicida de todos. Me ha recordado al autobús noctámbulo de Harry Potter por las estrecheces entre coches por las que se metía. He comprendido que en la India no tocan el claxon para avisar de un peligro inminente, sino más bien es un "aivá de ahíííí" o apártate tú para ponerme yo". También he visto mi primera vaca sagrada. Al principio he pensado que sólo había una porque además de sagradas, son listas y no se atreven con ese endiabldo tráfico. Luego Jordi y Ana, una pareja de catalanes muy majetes que he conocido en el hotel de Delhi (gracias también a jl por las indicaciones) me han dicho que las están retirando. He llegado, pues, a la conclusión de que la que he visto es la "vaca testigo" , pero que vacas sagradas, haberlas haylas.

aprendiendo

Cada uno cuenta la historia según le va. Ahí tenemos el ejemplo de José Alberto. No negaré que ha conseguido ponerme bastante nerviosilla con respecto a mi viaje lleno de incertidumbres. Soy una novata por el mundo y lo tengo asumido.

Pero me hace gracia la de consejos que recibo, que los agradezco, sin duda, porque están dados con la mejor de las intenciones por gente que me quiere. Pero a ver, si les hago caso a todos, me tengo que ir con un paraguas estilo Mary Poppins, cubierta hasta las cejas, con la mochila llena de candados por fuera y de medicinas por dentro y sin apenas ropa, pero buen calzado. "Cómprate esto, no te olvides lo otro, pues será mejor que hagas aquello, ten cuidado con lo de más allá, no te fíes de aquel"... Gracias, de verdad, gracias a todos. A los experimentados y a los que no han salido de su casa. A los valientes y a los cautelosos. A los abiertos y a los desconfiados.

Gracias. Pero es hora de que tome mis propias decisiones. E incluso de equivocarme. Pero así iré aprendiendo.

algo que escuché


 

El audio que he puesto en la barra de enlaces es uno a un pedacito del "Hoy por hoy", de la cadena SER en el que hablaban del Sur de la India, en concreto del estado de Kerala. No está completo, hablan de Cochín, de música, gastronomía, parques naturales ¡donde están prohíbidos los coches!, insólito en la India -que, de lo que voy entendiendo es una nube multitudianria y ruidosa- de teatro y de cine. Después hablaban de los backwaters, de naturaleza y de libros, y entre éstos recomendaban "Elefanta suite", de Paul Theroux (ed alfaguara), el cual, al parecer hace una descripción tan cruda de la India como la de José Luis en sus últimas entradas.

Sigo pensando que deberíamos bajar al sur, que las agotadas mentes que han ido descubriendo el norte, descansarán.

 

 

 

contando los días

Voy contando los días que me faltan para ir a la India. Miles de ideas bullen en mi cabeza: compras, preparativos, información, itinerarios, buf! Empieza a darme cierto miedo, con toda la seguridad que he derrochado todos estos meses. Me preocupa la falta de comunicación de José Luis desde allí. a lo mejor aquello no está tan bien en internet como nos lo esperábamos y la base de este alocado viaje, la comunicación vía correo electrónico se va al traste. Incertidumbre, incertidumbre. Por lo menos mi hombro parece ir respondiendo. No estoy rota del todo.

Y mientras en Zaragoza llueve a lo monzónico. Forma parte de la preparación.